En el siglo XXI, a pesar de las crisis, el crecimiento de la economía mundial continuará.

Con la globalización de la economía y el desarrollo de los intercambios, la dinámica de los países más desarrollados debería traer consigo el crecimiento de los demás.

Cientos de millones de hombres y mujeres tendrán acceso a la sociedad de consumo.

La revolución tecnológica favorecerá el desarrollo de nuevas economías y de nuevos oficios.


El individualismo se refuerza. El hombre de hoy reivindica que se respeten sus ideales y que las instituciones y las empresas presten una mayor atención a sus necesidades.

Los estilos de vida son cada vez más variados: familia, vivienda, forma de trabajo. Cada individuo, cada grupo exigirá el respeto de su diferencia y el reconocimiento de sus raíces. El marketing deberá adaptarse a un consumo cada vez más diferenciado, la oferta será cada vez más segmentada.

El papel de las mujeres y su lugar en la sociedad seguirá evolucionando profundamente, provocando cambios drásticos en la estructura familiar, los modos de vida y el consumo. El número de familias diferentes a la tradicional se incrementará.


Bajo el efecto acumulado de las actividades humanas, nuestro planeta corre riesgos importantes:


El recalentamiento del planeta.
El agotamiento de los recursos naturales, sobre todo el agua y bosques.
La acumulación de residuos.
Las consecuencias desconocidas de las manipulaciones genéticas.
La aparición de nuevas enfermedades.


Frente a los nuevos riesgos, los consumidores, que también son ciudadanos, se preocupan cada vez más por el medio ambiente. La importancia de la ecología es cada vez más ineludible.


En todo el mundo, las barreras que limitaban los intercambios de bienes, servicios e informaciones desaparecen unas tras otras.

Este movimiento irreversible acelera el crecimiento de las economías.

Sin embargo, la globalización también genera temores. Mal controlada, puede agravar los desequilibrios entre las zonas económicas, los países, las regiones, los pueblos.

Se escuchan voces cada vez más altas, para reclamar soluciones éticas y equitativas para el desarrollo del mundo. La solidaridad con los países más desfavorecidos representa un deber para los países desarrollados.


La rentabilidad económica debe combinarse con la equidad.

La humanidad de hoy no puede, en aras del progreso económico, poner en peligro el planeta que deberá legar a las generaciones futuras.

El desarrollo sostenible se basa en estos imperativos fundamentales. Concilia las necesidades de la sociedad, el respeto de las reglas de la economía y la protección del medio ambiente.

La acción de Carrefour se integra claramente en esta filosofía. Empresa comercial con vocación internacional, Carrefour pretende favorecer el acceso del mayor número de personas posible al consumo, en el marco de un comercio equitativo y en desarrollo sostenible.